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El amaranto en el sur de la CDMX: clave para la soberanía alimentaria

El cultivo de amaranto en la zona rural de la Ciudad de México se consolida como una estrategia vital para la resiliencia ecológica y la soberanía alimentaria local.

Redacción Lente
Foto: lopezdoriga.com

El amaranto, grano de origen prehispánico, se posiciona actualmente como un pilar fundamental para la sostenibilidad agrícola en el suelo de conservación del sur de la Ciudad de México. Productores de alcaldías como Xochimilco y Tlalpan han intensificado su cultivo al reconocerlo no solo como un alimento de alto valor nutricional, sino como una herramienta efectiva para la protección de los acuíferos y la preservación de la biodiversidad local.

Especialistas en temas agrícolas señalan que la capacidad del amaranto para adaptarse a condiciones de baja disponibilidad de agua y su resistencia ante plagas lo convierten en un cultivo estratégico ante la crisis climática actual. A diferencia de otros monocultivos, el manejo tradicional del amaranto favorece la infiltración pluvial, contribuyendo directamente a la recarga de los mantos acuíferos que abastecen a la zona metropolitana.

Desde el sector productivo se han planteado propuestas para fortalecer la cadena de valor de este grano mediante la creación de centros de acopio regionales y la tecnificación de procesos artesanales. El objetivo es que los pequeños agricultores alcancen una mayor competitividad en el mercado nacional, reduciendo la dependencia de insumos externos y fomentando la economía circular en las comunidades rurales de la capital.

La SEMARNAT, en conjunto con instancias locales, ha enfatizado la importancia de integrar estas prácticas ancestrales en los planes de ordenamiento territorial. Se busca que el suelo de conservación no solo sea visto como una zona de contención urbana, sino como un área de producción activa que garantice la seguridad alimentaria de los habitantes de la Ciudad de México a largo plazo.

El desafío para los próximos años radica en la conciliación de la expansión urbana con la protección de los campos de cultivo. La implementación de mejores prácticas de gestión del agua y el apoyo institucional a las cooperativas agrícolas locales figuran como las preguntas necesarias para asegurar que el amaranto siga siendo una pieza central en la identidad y la salud ambiental de la región.

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