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México

El desafío de la paridad de género en la política mexicana actual

A cincuenta años de hitos históricos, la paridad de género en México enfrenta una transición entre la formalidad legal y la representación sustantiva.

Redacción Lente
Foto: excelsior.com.mx

A finales de agosto de 2026, el debate sobre la paridad de género en México trasciende las cuotas numéricas para enfocarse en el ejercicio real del poder. Este análisis surge al cumplirse cinco décadas de transformaciones sociales y políticas que han moldeado la estructura democrática del país, marcada por una evolución constante desde las rupturas institucionales de finales de la década de los setenta hasta la consolidación de la paridad constitucional actual.

La implementación de la paridad en las candidaturas del Congreso de la Unión y los gobiernos estatales ha permitido una mayor presencia de mujeres en cargos de alta responsabilidad. Sin embargo, diversos colectivos y especialistas señalan que la paridad, entendida a veces como un fetiche estadístico, no garantiza automáticamente la eliminación de las brechas de género en la toma de decisiones al interior de los partidos políticos y las instituciones públicas.

El INE y el TEPJF han sido fundamentales para asegurar que las reglas de paridad se cumplan en cada proceso electoral. A pesar de estos avances normativos, persisten retos significativos en la prevención de la violencia política en razón de género, fenómeno que sigue afectando a legisladoras, alcaldesas y funcionarias en diversas entidades federativas, limitando el ejercicio pleno de sus funciones.

Para el futuro, se propone fortalecer los mecanismos de fiscalización y acompañamiento para que la paridad sea un vehículo de transformación institucional y no solo una meta de cumplimiento administrativo. La agenda política busca ahora transitar de la paridad de acceso a la paridad de resultados, donde la capacidad de influencia en las políticas públicas sea equitativa en todas las esferas del Estado mexicano.

La memoria histórica del país sirve como recordatorio de que los cambios en la estructura de poder requieren un compromiso sostenido con la igualdad sustantiva. Mientras México se encamina hacia nuevos ciclos electorales, la discusión pública se centra en cómo garantizar que las mujeres no solo ocupen los espacios, sino que cuenten con las condiciones necesarias para ejercer su liderazgo sin obstáculos estructurales.

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